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Topinambur

El topinambur, un alimento clave para el microbioma.

En el camino del Proceso Depurativo, descubrimos joyitas con excelentes propiedades nutricionales y prebióticas que nos enriquecen una alimentación fisiológica. Como este tubérculo, el #topinambur, originario de América del Norte. 

Comencemos a hablar de él, compartiendo su composición nutricional: 80% de agua, 15% de carbohidratos y 2% de proteínas. Su contenido de almidón es ínfimo y contiene pequeñas cantidades de grasas. Su valor calórico es de 27 kcal cada 100g de producto.

La fracción proteica aporta aminoácidos esenciales, minerales y la cantidad de sodio necesaria en relación, que lo convierte en un alimento adecuado para cuadros d hipertensión. Los tubérculos de topinambur son una buena fuente de vitaminas, especialmente del complejo B, vitamina C o ácido ascórbico y vitamina A o beta carotenos.

El topinambur aporta ácidos orgánicos (que el organismo convierte en sales alcalinas), destacándose el ácido málico y el cítrico. También resulta destacable el aporte de ácidos grasos como el palmítico, el oleico, el linoleico y el linolénico. Y como si fuera poco, favorecen el desarrollo de probióticos como los lactobacilos, que tienen infinidad de propiedades benéficas.

A modo de síntesis, veamos los beneficios del topinambur: tiene efecto prebiótico, ayuda a controlar los niveles de glucosa en sangre, promueve la salud digestiva y la regulación del colesterol, estabiliza la presión arterial, favorece la formación de hemoglobina y fortalece el sistema inmunológico.

DATOS PARA SU CONSUMO

El topinambur se puede consumir tanto crudo (rallado, deshidratado) como cocido, ya que no contiene almidón. Se puede utilizar como sustituto de la papa en cualquier receta. Posee pocos carbohidratos, por lo que algunos lo llaman “la papa de los diabéticos”.

A través de la deshidratación se logra un snack crocante (las topitas), que naturalmente posee un gusto agradable, pero que puede saborizarse como dulce, salado o picante. Se pueden comer aisladamente o agregar a otras preparaciones culinarias.

Es importante comprender que al ingerir este alimento, estamos generando efectos positivos que pueden interpretarse como “problemas” pero que en realidad son “benditas” crisis depurativas y activación del microbioma saludable.

La inulina, al comenzar a ser metabolizada por las bacterias del colon, puede dar lugar inicialmente a ligeras diarreas o gases, lo cual es síntoma de la activación de la microbiota benéfica. Se sugiere entonces comenzar con la ingesta de pequeñas cantidades, aumentando la dosis en forma gradual, para así́ disminuir las molestias intestinales iniciales.

LA PREBIÓTICA INULINA

Los tubérculos de topinambur almacenan carbohidratos de reserva (polisacáridos) siendo la inulina el principal. Esto los convierte en una excelente fuente de fibra dietaria, fermentable por las bacterias del colon. El contenido de inulina en los tubérculos de topinambur representa alrededor del 50% sobre peso seco y ayuda a mantener la salud y la función intestinal.

Estos carbohidratos permanecen intactos en su recorrido por la parte superior del tracto intestinal (intestino delgado), pero son fermentados en su totalidad por las bacterias de la parte inferior (intestino grueso). En consecuencia, se comportan como fibra prebiótica, aportando acción laxante, disminución de los niveles lipídicos y de glucosa en sangre, menor riesgo de obesidad, diabetes, ateroesclerosis, cálculos biliares, hemorroides, diverticulitis, apendicitis y cáncer colorrectal. 

La inulina es técnicamente un fructooligosacárido (FOS), fibra prebiótica soluble que es resistente a la digestión y llega al intestino grueso esencialmente intacta. Los 40 billones de bacterias alojadas en el intestino grueso consumen inulina y, a su vez, producen metabolitos esenciales como los ácidos grasos de cadena corta

Los AGCC, particularmente el butirato, tienen un efecto antiinflamatorio podrían desempeñar un papel importante en la protección contra el cáncer colorrectal. El butirato sirve de combustible para los enterocitos colónicos, y además preserva la integridad de la mucosa intestinal al aumentar la secreción de moco, sellando así la mucosa y evitando que sea demasiado permeable.

También los AGCC tienen un efecto protector contra patógenos, ya que las bifidobacterias producen acetato, que promueve el incremento de IgA (principal anticuerpo orgánico) e inhibe a los microorganismos nocivos (como la Escherichia coli). El propionato también regula la síntesis de colesterol. En general, una buena producción de AGCC suministra cerca del 10% de nuestro requerimiento energético diario.

A modo de resumen, veamos los beneficios de los AGCC: aportan energía, mejoran el sistema gastro-intestinal, reducen las afecciones metabólicas, potencian el sistema inmunitario, modulan la respuesta al estrés, estimulan la detoxificación y regulan la respuesta inflamatoria.

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