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Limpieza hepática profunda

Por lo visto, resulta prioritario atender las necesidades depurativas del hígado. Este órgano lo hace cíclicamente en primavera, época clave para el sistema hepático, según los postulados de la antigua medicina china y la simple observación de las crisis que todos sufrimos en dicho período. Transcurrido el invierno, el hígado intenta desembarazarse de todos los excesos acumulados en la época de consumo de alimentos densos y calóricos. Por ello la necesidad de estar atentos y estimular los mecanismos de evacuación, mediante técnicas caseras y sin esperar épocas en particular.

Si bien pasaremos revista a varios procedimientos depurativos, quién nunca haya hecho nada por su hígado, deberá considerar prioritariamente el método profundo, cuyo poder de eliminación es inigualable. Si bien hay técnicas más “blandas” como el enema de café o la ingesta de aceite de oliva, que bien pueden usarse para mantenimiento o en casos donde no pueda realizarse el método profundo (inmovilidad, embarazo, lactancia, infancia, etc), nunca deben compararse a la limpieza profunda, a la hora de resolver la toxemia crónica.

La limpieza en detalle:

En presencia (o sospecha, ya que nadie está libre de ellos) de abundantes cálculos intra hepáticos, seguramente deberemos recurrir a un método de depuración enérgico. Es el caso del método de limpieza hepática profunda, una técnica eficaz y relativamente sencilla para eliminar íntegramente los nocivos cálculos biliares que describimos antes. Dada la inocuidad del método y sus grandes beneficios, no tiene mayor sentido plantearse dudas respecto a la conveniencia de practicarla, ni dilatar la práctica, a la espera de un momento ideal.

El procedimiento se basa en un período preparatorio (6 días), durante el cual se ingiere diariamente al menos un kilo y medio de manzanas. Esto se realiza para generar un ablandamiento de los cálculos, por acción del ácido málico presente en la manzana. Luego, durante los dos días de la limpieza se toman 4 vasos de solución magnésica (sulfato de magnesio). El efecto del magnesio es dilatar los diminutos conductos biliares, a fin de facilitar el tránsito de los cálculos reblandecidos por la acción de las manzanas.

Finalmente se ingiere una emulsión de aceite de oliva y jugo de pomelo, lo cual provoca un fuerte estímulo de secreción biliar, lo cual activa la expulsión de los cálculos.

Antes y después de la limpieza hepática profunda, es necesario realizar una cuidada limpieza de los intestinos, a fin de evitar el estancamiento de los tóxicos cálculos biliares en el tránsito intestinal, lo cual generaría una peligrosa reabsorción de la materia tóxica expulsada (parásitos, virus, materia putrefacta) a través de la mucosa intestinal.

Además de migrañas y nauseas, podrían generarse cuadros de pancreatitis o apendicitis.

Lo ideal es hacer antes de la hepática profunda, tres sesiones de lavaje colónico y una sesión después de la hepática, a modo de “enjuague intestinal”. En las sucesivas hepáticas y según se mantenga una alimentación fisiológica (solo frutas, hortalizas y semillas) se sugiere conservar este ritmo. No recomendamos hacer la hepática profunda, sin estar precedida y rematada con lavajes colónicos.

La técnica no resulta ideal para ser realizada en medio de crisis depurativas o enfermedades agudas (gripes, fiebres, diarreas, período menstrual, etc) o durante el tradicional principio precautorio de embarazo o lactancia. Hay quienes la realizan igualmente y lo sobrellevan bien, encontrando alivio general. En cambio sí resulta sumamente aconsejable en enfermedades crónicas, al resolver la causa profunda del problema.

Dependiendo de la congestión presente en cada persona, suelen ser necesarias varias hepáticas profundas, entre las cuales debemos dejar al menos un mes de intervalo. La ausencia de cálculos en las evacuaciones en un par de hepáticas, es señal de haber concluido el proceso satisfactoriamente. Una vez ultimada la serie completa de limpiezas hepáticas profundas, y dependiendo de los hábitos higiénico/alimentarios de la persona, se sugiere realizar una limpieza anual como mantenimiento preventivo, preferentemente en coincidencia con la primavera.

Los seis días preparatorios:

Durante los seis días previos a la limpieza, se recomienda una alimentación frugal, depurativa y fisiológica (preferentemente cruda, como se ilustra en el Andarivel 6). En este período, no se deben consumir: lácteos, fritos, almidones, féculas, proteína animal, alimentos muy fríos (helados), cantidades excesivas de alimento, ni medicación crónica no esencial. Para las personas con obligaciones laborales, es útil comenzar este lapso un día domingo, a fin de culminarlo un viernes, dejando la limpieza propiamente dicha para el fin de semana no laboral (sábado/domingo).

Diariamente debemos consumir 1,5 kg de manzanas frescas (rojas o verdes), alejadas de las comidas (al menos una hora) para favorecer la asimilación del ácido málico (puede ser a media mañana y a media tarde). Lo ideal es fruta masticada, rallada o licuada, ya que el jugo (aún casero) elimina la fibra en el centrifugado y provoca desorden de la glucosa en sangre (picos de hiperglucemia y resistencia a la insulina). Obviamente no debemos usar jugos envasados, ya que se necesita la vitalidad, la carga enzimática, la oxigenación, la alcalinidad y la ausencia de aditivos de la fruta fresca.

Para casos extremos (por ejemplo una diabetes descontrolada), o resistencia inicial al consumo de “tantas” manzanas, se puede utilizar el ácido málico, principio activo clave presente en la manzana. En este caso, la dosis de manzana se puede reducir a un kilogramo, complementando con 2 gramos de ácido málico disueltos en medio vaso de agua; bebiéndolo en medio de la ingesta de algunas manzanas. Siempre algo de fruta fresca debemos ingerir, dado su aporte enzimático, alcalinizante, desinflamante y vitalizante. El ácido málico también puede ser usado suplementariamente si se advierten molestias durante la eliminación, cosa que puede ocurrir por insuficiente ablandamiento de los cálculos.

Durante estos seis días la persona puede ingerir otros alimentos, siempre distanciados dos horas respecto a la ingesta de las manzanas. Estas ingestas no deben ser forzadas (solo hacerlas si el organismo pide) y deben basarse en alimentos fisiológicos (frutas, hortalizas, algas, semillas, todo en crudo).

Es también importante observar la regularidad cotidiana del vaciamiento intestinal durante estos 6 días. Muchas personas suelen comenzar a eliminar cálculos durante este período y dada la toxicidad del material eliminado, en caso de retención intestinal, se estaría generando un proceso de reabsorción tóxica, que puede derivar en migrañas y malestar general. Por lo tanto resulta clave asegurar el diario vaciamiento de los intestinos, usando cualquiera de las técnicas ya explicadas.

El día de la limpieza:

El proceso de limpieza propiamente dicho lleva unas 14 horas (entre el 7º y 8º día). Lo ideal sería que este séptimo día coincidiese con un sábado, sin ocupaciones laborales, y mejor aún, con luna llena y en cambio de estación. Dado que es difícil (o imposible) aunar todas estas variables, prioricemos al menos la coincidencia con el sábado (para lo cual debemos comenzar con la ingesta de manzanas el domingo previo, finalizando el viernes).

Por la mañana del sábado, desayunar y almorzar liviano, tal como en los seis días previos. Tras el almuerzo, interrumpir la ingesta de alimentos, pudiéndose solo beber agua durante las 24 horas siguientes. La limpieza en sí, consiste en la toma de cuatro vasos de solución magnesiana y un frasco de emulsión pomelo/oliva.

Veamos detalladamente y con horarios, como llevar adelante el procedimiento completo:

18 hs: Tomar el primer vaso magnesiano que se prepara con una cucharada sopera de sulfato de magnesio (sal inglesa o sales de Epson) disuelto en un vaso de agua. Se puede beber con pajita para evitar el sabor amargo. Se puede beber agua encima del vaso de solución ingerida.

20 hs: Tomar el segundo vaso magnesiano.

22 hs: Tomar la emulsión pomelo/oliva. Se aconseja prepararla en un frasco de vidrio con tapa (son ideales los utilizados para envasar mermeladas), agitando antes de beber, unas 20 veces la mezcla de medio frasco de jugo de pomelo exprimido y un poco de aceite de oliva extra virgen (indicativamente, un centímetro de altura). Es bueno usar más cantidad de aceite de oliva, a fin de aumentar la eficiencia del impulso biliar, pero al principio y con mucha congestión tóxica, es algo que puede provocar nauseas o revulsiones. Asegurarse de no tener que realizar ninguna otra actividad posterior a esta toma. Beber la emulsión de pie (se puede beber también a sorbos o con pajita), luego acostarse de inmediato en

posición fetal sobre el lado derecho o boca arriba (con la cabeza alta, sobre una buena almohada). Apagar la luz y concentrar la atención para percibir el movimiento de los cálculos en el hígado.

6 hs: Levantarse y tomar el tercer vaso magnesiano. Luego se puede beber agua si hay sed. Permanecer levantado o con el torso vertical, evitando la posición horizontal.

8 hs: Tomar el cuarto y último vaso magnesiano. Con esto se da por concluida la limpieza.

10 hs: Reiniciar el ciclo alimentario bebiendo algún jugo natural o licuado y posteriormente alguna pieza de fruta fresca bien masticada.

12 hs: Comenzar con alimentos sólidos (preferiblemente licuados frutales), en poca cantidad; seguir varios días con dieta liviana y fisiológica, ya que el hígado acaba de pasar por una fuerte exigencia y requiere un período de cuidado extremo. Tomemos en cuenta que este proceso es como haber intervenido quirúrgicamente al hígado y es bueno atender un proceso posoperatorio. También por ello puede suceder que el organismo reclame por más reposo; recordemos que la regeneración del tejido hepático se realiza cuando estamos en posición horizontal. Más allá de atender las necesidades laborales, es bueno que prioricemos el descanso.

Es bueno visualizar las piedras eliminadas durante las evacuaciones. Los tamaños pueden ir desde un granito de arroz a una ciruela pequeña (se ven cálculos de hasta 30mm de diámetro). Pueden eliminarse centenares en una sola sesión y de distintos colores. Esta constatación y la posterior mejora de la función orgánica, es la mejor demostración de la eficacia del método. La verificación de los desechos eliminados es el indicador de la necesaria continuidad de las limpiezas, respetando el mes de intervalo. Un método práctico para observar los cálculos eliminados consiste en colocar un cola pastas plástico en el inodoro, evacuar, enjuagar la materia fecal con un balde de agua y luego verificar los residuos que quedan en el colador. La secuencia de limpiezas hepáticas

profundas se da por terminada cuando no quedan más desechos visibles en el colador. En caso de molestias (dolores, puntadas, cólicos, etc) siempre es conveniente recurrir a los elementos utilizados durante la limpieza para ablandar los cálculos y dilatar los conductos, o sea manzanas (o una dosis de ácido málico) y sulfato de magnesio (o citrato de magnesio). Ingiriendo nuevamente dosis de estos principios activos, aliviaremos la molestia y facilitaremos el tránsito de los cálculos en movimiento.

Frente a antiguas acumulaciones y dolencias crónicas, seguramente serán necesarias varias limpiezas hepáticas, que deben repetirse siempre con, al menos un mes de descanso, hasta que no se evacuen más cálculos. En estas situaciones, tal vez se despidan pocos cálculos la primera vez y muchos a partir de la segunda o tercera limpieza. Es importante que una vez iniciado el tratamiento, no se corte la serie de limpiezas, aprovechando el grado de flexibilidad del tejido hepático, al haberse movilizado la posición de estos cálculos en la estructura del hígado. Hay personas que necesitan una decena de limpiezas para drenar todos sus cálculos y otros que terminan el proceso en 6 meses. Son tiempos muy personales, que nadie puede adivinar.

Tener presente que se requieren limpiezas colónicas antes y después de cada hepática profunda. Recordar que el día después de cada limpieza hepática (lunes, si la hicimos entre sábado y domingo) se debe realizar una limpieza intestinal (colónica), para evitar que algunos cálculos puedan quedar alojados en los intestinos, dado el tenor tóxico (bacterias, virus, parásitos) de dichos cálculos. Esta especie de «enjuague» intestinal puede hacerse con una sesión de lavaje colónico. En última instancia se puede echar mano a la mezcla purgante (beber 500cc en la noche del domingo) o a una quinta dosis de sal inglesa; aunque la eficacia de estos métodos es menor, siempre algo hay que llevar a cabo para evitar retención de cálculos: más limpieza, menos problemas.

También, como veremos luego, se debe permanentemente estimular la depuración de los riñones (el hígado moverá sangre sucia hacia los filtros renales, a causa de la limpieza practicada), a través de infusiones renales como barba de choclo, cola de caballo, diente de león, ortiga, etc. Si bien hay otras técnicas de depuración hepática, como veremos a continuación, el método de la limpieza profunda es inigualable por su efectividad y rapidez de respuesta.

Obviamente es siempre mejor “algo que nada” en materia de alivio tóxico en un órgano tan importante como el hígado, pero a la hora de resolver la causa de fondo de los desórdenes de salud, nada como este método. También es bueno recordar que la limpieza hepática profunda no conviene realizarla fuera del contexto sinérgico e integrado del Proceso Depurativo. Es solo una herramienta más…

Extraído del libro “Cuerpo Saludable”

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