Por una nutrición consciente y una mejor calidad de vida

Quienes somos

Este pequeño emprendimiento familiar del Valle de Traslasierra (Córdoba), nacido en 1998, pretende ofrecer alternativas posibles al colapso que se advierte en los campos de la alimentación y la salud. Comenzamos con productos apícolas e hierbas depurativas. Luego integramos alimentos para la llamada “transición” hacia una nutrición depurativa y regenerativa. Más tarde desarrollamos herramientas para sostener el Proceso Depurativo y una línea de alimentos fisiológicos que permiten completar el tránsito de los seis andariveles.

El concepto de Alimento Saludable requiere comprender las necesidades fisiológicas de nuestro organismo. A raíz del moderno estilo alimentario industrializado, muchas personas advierten gran desconcierto y generalmente se sienten defraudados por productos que no cumplen sus expectativas, pese a las promesas de “sanos”, “naturales”, “orgánicos” o “biológicos”.

En Prama pensamos que el alimento cotidiano, por su importancia nutricia y su influencia en la higiene corporal, debe ser preservado en todos sus atributos. Debe responder a nuestras capacidades digestivas fisiológicas. Debe aportar energía y no consumirla. Debe limpiar el medio celular y no ensuciarlo. Debe ser amigable con el sistema bacteriano y con el ambiente. No debe haber contaminación química en su producción primaria. Tampoco en su procesamiento posterior, que debe ser el mínimo indispensable, a fin de resguardar el aspecto energético. No debe contener aditivos y conservantes que, además de generar toxemia, inhiben las funciones enzimáticas. Además debe estar preservado del deterioro por exposición a la luz y al oxígeno, cosa que se logra con técnicas inocuas como el envasado al vacío. Entendemos que solo así un alimento puede considerarse “saludable”. Y con ese objetivo trabajamos.

Consideramos que la calidad de vida es una construcción cotidiana, basada en la higiene corporal, la alimentación fisiológica y la alineación energética. En el antiguo lenguaje sánscrito existe una palabra que define dicho estado de equilibrio dinámico: Prama. De allí nuestro nombre y nuestra misión: aportar propuestas constructivas, facilitar el tránsito depurativo y estimular una alimentación vitalizante. Todo alentando el crecimiento, la evolución y la expansión de la consciencia. Usted es parte activa de esta propuesta. Su apoyo, sus críticas y sus consultas colaboran y alientan el mutuo crecimiento y la construcción de un nuevo paradigma... lo cual no es poca cosa!!!

Es sencillo advertir como se degrada día a día nuestra calidad de vida; solo basta mirar en derredor. ¿Qué entendemos por calidad de vida? Se trata de un estado de plenitud que no se limita a la simple ausencia de enfermedad, sino al logro de un óptimo estado psico-físico que nos permita:
disponer de buen nivel de energía (tanto física como mental),
retardar el proceso de envejecimiento,
tener buen manejo del estrés y
estar libres de aquellos desequilibrios que incorrectamente llamamos enfermedades.

Todos podemos -y en realidad, debemos- alcanzar estos estadios de plenitud psico-física. Para ello es básico el funcionamiento equilibrado de los sistemas inmunológico y hormonal. Ambos están influenciados por una serie de factores. Algunos de ellos pueden parecer difícilmente manejables; es el caso de los problemas ambientales o las cuestiones emocionales. Sin embargo hay un factor clave que nos permite compensarlos y que se encuentra íntegramente en nuestras manos: el nutricional. Tenemos plena capacidad de opción sobre aquello que llevamos a la boca; somos libres de elegir. Pero dado que generalmente no somos conscientes de la tremenda influencia que tiene el alimento sobre la calidad de nuestro funcionamiento orgánico, nos limitamos a alimentarnos casi mecánicamente.

Para muchos, la comida se ha convertido en una “carga” a resolver del modo más rápido y económico. Para otros, el alimento es una simple “descarga” emocional y nerviosa, donde se buscan compensaciones y estímulos. Gracias al “no tengo tiempo” y al “me siento vacío”, la industria de los alimentos ha encontrado grandes filones marketineros y los explota a la perfección, brindando todo “fácil, pronto y rico”. Es más, nos creemos “privilegiados” por estar viviendo esta época de abundancia, delivery y fast-food. Pero claro, esta ilusión se disuelve cuando comprendemos que allí está la causa de nuestra mediocre calidad de vida. Lamentablemente nos vamos resignando a la mediocridad. Nos parece “normal” tener problemas y estamos convencidos que “los años no vienen solos”. Así vamos dejando de ejercer nuestro natural derecho a la plenitud y nos conformamos con andar al 50% de nuestro potencial.

Una nutrición equilibrada, que permita el adecuado funcionamiento de los sistemas inmunológico y hormonal, será la base de la plenitud que definimos anteriormente y por tanto representará la verdadera solución de gran cantidad de padecimientos que nos afligen a diario. Estos padecimientos no son solo físicos, sino también emocionales. La visión fragmentada que predomina en nuestra sociedad, nos lleva a pensar que son problemas distintos y que se deben manejar separadamente. Quien experimenta el camino de una Nutrición Vitalizante, puede comprobar que no es así.

Cuando comenzó a investigarse la relación mente/cuerpo, se advirtió que las emociones manejaban al organismo. Luego se comprendió que era una verdad a medias. No había acción en un solo sentido. Se trataba de una vasta interacción. La endocrinología está comenzando a entender el complejo mundo de las hormonas. Entre otras cosas, estos minúsculos transmisores comandan las emociones y el delicado sistema inmunológico. La gran sorpresa fue comprobar que el sistema hormonal responde básicamente a la influencia del alimento ingerido. Esto no hace más que confirmar la empírica o intuitiva sabiduría ancestral. En el Japón antiguo se afirmaba: “manejando la cocina de un pueblo puede manipularse su conducta”. En Grecia, el padre de la medicina occidental decía “que el alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento”. Hoy la investigación alternativa comienza a comprender que el alimento es el fármaco más potente que tenemos, pues además lo ingerimos regularmente todos los días de nuestra existencia. Solo basta conocerlo mejor y utilizarlo correctamente.