Lino:
Muy usado en la antigüedad

Como su nombre científico lo indica, es “la mas usada entre todas las plantas” y se la siembra desde la más remota antigüedad (en Asia se cultiva desde el 5.000 a.C.) en climas templados y fríos.

La semilla de lino (Linum usitatissimum) posee una concentración de más del 20% de su peso en omega 3, porcentaje que se triplica cuando hablamos de su aceite. Junto a la chía, son las únicas fuentes vegetales con predominio de omega 3 sobre los omega 6, tanto en las semillas como en el aceite. Además de AGE, posee un concentrado de sustancias nutricionales y terapéuticas de altísima calidad. Tiene un alto contenido de minerales (potasio, fósforo, magnesio, calcio, cinc, hierro), vitaminas (B, C y E), enzimas y fibra soluble (mucílagos).

El lino es el vegetal con mayor contenido de lignanos, fitoestrógenos que ayudan al equilibrio hormonal femenino y reducen el riesgo de cáncer. Estas fitohormonas protegen especialmente contra tumores intestinales (colon) y de sensibilidad hormonal (mama, endometrio, próstata). Los lignanos no se encuentran en el aceite de lino y su aprovechamiento depende del consumo de la semilla. Este concepto también es válido para la valiosa fibra presente en la semilla de lino.

Los mucílagos presentes en el lino, pertenecen al tipo de fibra carente en la dieta moderna: la fibra soluble. Además de activar la función intestinal, nutre la flora, neutraliza el exceso de acidez, estabiliza la glucosa en sangre y regula el colesterol. La mejor forma de asumirla es a través del consumo de la semilla triturada (harina) o bien remojando una cucharada de semilla en un vaso de agua durante toda la noche. Este último sistema solubiliza el mucílago en el agua, pero al ingerir las semillas deberemos masticarlas muy bien para acceder al contenido interno de los granos.

El consumo regular de lino ayuda en problemas de piel seca, soriasis, acné, eccemas, sed anormal, síntomas menopáusicos, colesterol elevado, presión alta, constipación e inflamación intestinal. Además resulta útil en afecciones más complejas como esclerosis múltiple, lupus, enfermedades mentales, problemas cardiovasculares y circulatorios, diabetes, reumatismo, tumores y síndrome premenstrual. La medicina ayurvédica indica al lino para regenerar el tejido pulmonar, tanto en congestiones, afecciones crónica o procesos degenerativos (tumores).

Recientemente comenzó a cultivarse en nuestro país una nueva variedad de lino, denominada “gold” o “dorada”. Se trata de un mejoramiento realizado por la Universidad Estatal de Dakota (EEUU) que ha permitido lograr una variedad de mejor sabor comestible, con ligero gusto a nuez, ideal para consumirla como harina. Este sistema de consumo favorece la buena asimilación de la semilla de lino; es necesario molerla y consumirla en crudo, sin someterla a procesos de cocción que alterarían sus virtudes. Se puede espolvorear sobre cualquier comida (sopas, cereales, ensaladas, etc) a modo de condimento. De allí la importancia de preparados como el Multisemilla o el Queso Rallado Vegetal, realizados con semillas molidas de lino, girasol y sésamo.

En el caso del aceite, para obtener sus benéficos efectos es necesario que sea de primera prensada en frío (por debajo de los 40ºC) y que no posea ningún proceso de refinación; solo decantación natural. Es un aceite muy sensible a la oxidación, por su carencia de antioxidantes, lo cual obliga a preservarlo de la luz directa y de la temperatura. Por ello se lo envasa en botellas oscuras y pequeñas, aconsejándose su conservación en heladera. Se lo debe consumir crudo a cucharadas, en ensaladas o sirviéndolo sobre el plato, pero nunca expuesto a procesos de cocción.

Tanto con la semilla como con el aceite de lino, conviene ser cautos en su consumo (sobre todo en embarazos y lactancia), dada la presencia de algunos antinutrientes (lineina, una proteína de efecto purgante y un factor antagónico de la vitamina B6). También se habla de su contenido en ácido cianhídrico (característica que comparte con la almendra y otras pepitas de frutos de carozo); sin embargo las investigaciones sobre la vitamina B17 y los tumores (ver monografía “Semillas de damasco y cáncer”) valorizan este principio activo. El cuerpo dispone de una enzima (rodanasa), que neutraliza al cianhídrico y lo transforma en subproductos que no solamente no son tóxicos, sino que resultan ser nutrientes benéficos para el organismo. Esta enzima abunda en todo el cuerpo, pero no existe en las células cancerosas, que por tanto no tienen protección ni defensa contra el ácido cianhídrico. Más allá de estas disquisiciones, el consumo de un par de cucharadas diarias de semilla o aceite de lino, no ofrece ningún tipo de riesgo.

Extraído del libro “Alimentos Saludables”.